Las montañas, las rocas y la tierra en movimiento infinitesimal a cada minuto, extenso y grandioso a cada era, a cada siglo, milenio. Notorias para si mismas, miden sus edades como los anillos del árbol más antiguo en otra geometría y cromatismo, en las partículas geológicas secretas y silentes, tramando el nuevo cataclismo, el nuevo acuerdo de paz con los océanos. Eterna lucha de elementos: el fuego en el cráter pétreo, el agua el suelo marino y cavernoso. ¿Qué pasaría si fuera posible caminar de un extremo a otro de la tierra subiendo los cerros, las montañas, los desiertos, los fondos de las lagunas, los ríos, el fondo del mar, sobre los hielos, en el fondo del mar de los hielos, sobre la lava, sobre la selva, las copas de los árboles, las nubes cúmulos, cirros, estratos, tifones transportadores, hojas, troncos, rocas? Pleistocenos, eones, eras, farenozoico, cenozoico, mesozoico, paleozoico, precámbrico, et álii sólo para volver una vez más a olvidar los nombres, los huesos, la calavera que contiene la vida como una cámara oscura. El hoyo negro que equilibra la ecuación cósmica.