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No es posible que una mujer enseñe a un hombre a ser un hombre y un hombre a una mujer ser una mujer, dicen los holísticos.
Cada uno por su lado debe buscar su propia esencia, libre y soberanamente.
La decisión de acompañarse también debiera ser tomada de forma libre y generosa, con tranquilidad pero a la vez con valentía, en un mundo donde todo lo que no refiera nuestro beneficio personal nos aterra. La entrega y la duda aterran.
El narcisismo sanador cede paso al exceso de aprensión, a la asfixia autorreferente. Se abandona la disposición estoica que ha permitido la continuidad histórica, resultando en la frenética fragmentación histérica.
El silencio aparece entonces como el mejor lugar. La mirada hacia adentro, honesta, como la mejor y más rápida respuesta al temor a lo desconocido. Al otro, a lo otro, a la otredad.
El Kybalión dice lo siguiente:
Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.
El ego, condición útil y necesaria para toda particularidad, es nuestro peor enemigo ante la posibilidad de pertenencia y trascendencia cósmica, para el olvido de uno mismo y para la convivencia pacífica entre semejantes y no semejantes.
Si los seres humanos vivimos poco menos de un siglo, el único motivo para perpetuar la infancia y retrasar el avance de la existencia a otros estadios es la enfermedad. Y hay enfermedades mortales. Una de ellas es la vida misma.
Nuevamente me digo y me repito: la muerte es la única certeza equilibrando la certeza originaria, la vida. La voluntad o la esencia única que contenemos es el intermediario: si la cabeza es fuego, y el resto del cuerpo y las extremidades son agua, el centro del pecho es aire, aquél que equilibra ambos polos elementales.
El infinito negativo, el cero y el infinito positivo.
Yo sé que deambulo sola por el mundo y por mi casa con unos pocos hermanos y hermanas de mi lado, buscando algo más allá de lo que los ojos permiten ver del macro y el microcosmos.
La tristeza del diálogo sordo termina por demoler mi amor y mi entrega. Por tan poco, por tan poco, me digo, no eres capaz de ver lo que te regala el mundo y las lágrimas se desvanecen en mi ridiculez y en el sinsentido de mi propia existencia.
Abandono narcisista.
Abandono y rechazo.
Abandono y silencio.
De todo aquello que queremos y por lo mismo.