Llena de silencio
la casa, mi casa
dorado el pan de oro
un eco de voces futuras.
El pincel y el lápiz
apuran las teclas, las horas
el orden letrado
del maullido del gato.
Nos visita un pequeño insecto alado
verde cata, verde musgo:
se posa frágil sobre la superficie vidriada.
Creo que es mi amigo y me saluda lejano
lo reconozco y le doy gracias
sabe que lo extraño
desde siempre en la veintena resonante
no es cierto que habita el ataúd
cuando viene a visitarme.
La voz de los vecinos lejanos
me pregunta
si viviré siempre aquí
apenas hierve el agua
se tuesta el pan
y despiertan tus ojos sonrientes.