El vecino invade mi casa de música
argentina
ese metal de moda en los ochenta
aleado con estaño
que mancha los dedos de verde
Esa plata noble y trasandina
nostálgica de libertades
recuerda todos los días
que nunca cruzamos los Andes
hermanos, héroes de antaño
reencarnados
Y esa forma de cantar
tan distinta y disonante
cuajó con el gris eterno
de la infancia de muchos
pero no la mía
Siempre preferí el brutal enojo de González
a la melancólica poesía de Charly
y ahora que leo a Washington Cucurto
mientras maldice a Enrique Lihn
desde un librito cartonerito
oigo de nuevo ese acento de plata
mi nombre -el aire-
y todas las palabras
pasando lengua
detrás del paladar: