- ¿Cómo hiciste para que te quedara tan rico?
- Lo hice con amor.
- No pero en serio, qué le echaste.
- Eso, amor.
Un edificio de cuatro pisos, sin ascensor, de los años cuarenta más o menos. Un muro rojo, una cocina pequeña, una tina gigante. Ahora hay más tipos de té para llenar los silencios: té blanco, té verde, té negro. Café. Un Toblerone.
Horas tejiendo o aprendiendo a coser en la máquina de la abuela o escribiendo o diseñando un mueble o un templo. Ella nunca para de trabajar, como decía Lars en su guión. Tampoco para de culparse ni a ella ni a los otros. Pero después se ríe. Se ríe bastante. De sí misma y de todos. Enseñanzas de Kurt Vonnegut, ese maestro de la sobrevivencia suicida.
¿Qué hubiera encontrado si hubiera abierto su mail? Unas cuantas mentiras, seguro. Pero es mejor confiar. Por ella, no por el otro.
A pasos cortos, temblorosos pero decididos, avanza hacia lo que supone debiera ser la madurez. Humildad, grises, paciencia, tiempo. Perdón. Dicen. Cuidado, cautela, mesura. Saber decir no, no sé, perdón, perdonar, agradecer. Esperar.
No importa que su blog sea un diario, una confesión, una terapia, aspiracional literario o medianamente bueno. No importa. Es lo que es. Y eso es lo que importa.
Ella también: ella puede ser, puede existir, así como es. No como otros ni otras. Puede existir sin tanto castigo, laceración mental. Un cuchillo que recorre mentalmente distintas partes del cuerpo, las ve sangrar y luego cicatrizar. Dicen que los que se cortan lo hacen para olvidar otro dolor, reemplazar uno por el otro. Ella ni si quiera puede hacer eso porque ya lo sabe. Sería estúpido y adolescente. Y vamos caminando hacia la adultez, madura: humildad, grises, paciencia, tiempo. Perdón. Etcétera.
A pesar de todo la casa está tranquila las cuentas pagadas, no es poco. No es poco tener un espacio de silencio y calma. Lo único que hay que hacer es no abrirle la puerta a cualquiera. Mirar una y mil veces antes de abrir la puerta a cualquier eventual turista. Quizás es injusto llamarlos turistas, pero para ella una persona que visita un lugar siempre desde la mirada exótica y extrañada es un turista. Aquél que siempre quiere ver algo que se supone debe estar ahí pero no está. Es parte del juego, la prueba y el error.
A house is not a motel, como decía la canción. Y yo vivo en una casa. En mi casa, al fin.
Llena de silencio
la casa, mi casa
dorado el pan de oro
un eco de voces futuras.
El pincel y el lápiz
apuran las teclas, las horas
el orden letrado
del maullido del gato.
Nos visita un pequeño insecto alado
verde cata, verde musgo:
se posa frágil sobre la superficie vidriada.
Creo que es mi amigo y me saluda lejano
lo reconozco y le doy gracias
sabe que lo extraño
desde siempre en la veintena resonante
no es cierto que habita el ataúd
cuando viene a visitarme.
La voz de los vecinos lejanos
me pregunta
si viviré siempre aquí
apenas hierve el agua
se tuesta el pan
y despiertan tus ojos sonrientes.